sábado, 9 de febrero de 2008

Me han tomado el pelo...

Hoy ha sido un día de descanso salvo por mis visitas a la Embajada Española en Japón y al Instituto Cervantes recién inaugurado en Tokyo. Así que voy a relataros una experiencia casi religiosa: la experiencia de cortarte el pelo en Japón.

De hecho, era uno de los recuerdos más curiosos que guardo de mi primer viaje a Japón. Durante la beca teníamos que asistir a una serie de reuniones oficiales y había que lucir traje y corbata. La última era la más importante y decidí que me tenía que cortar el pelo. Me dejé guiar por una de las recepcionistas del hotel en aquel momento para elegir peluquería. No quería irme tampoco a la otra punta de la capital nipona, así que me dijeron que en el edificio World Trade Center, un edifico repleto de oficinas y negocios, aparte de albergar un mirador situado a la nada desdeñable altura de 152 metros. Allí se encuentra la peluquería New Barber (Shinbashi Hamamatsucho Kanda), que tiene en plantilla a una gran cantidad de peluqueros.

La primera vez que fui mi japonés era muchísimo más básico que ahora (al menos ahora me defiendo con oraciones simples, preguntas básicas, vamos lo que permite el haber estado estudiando apenas unos pocos meses) y simplemente fue una conversación de besugos, puesto que el chico que me atendía, independientemente de ser un gran peluquero (que no lo dudo), no sé cómo narices aprobó los exámenes de inglés de secundaria. Cero zap…digo, patatero (a veces me sale la vena política...すみまさん). Así que tras una conversación de casi diez minutos y varias hojas con imágenes de tíos con diferentes peinados, conseguí que me entendiera…a medias. El corte fue perfecto, pero al final no sé qué demonios entendería cuando le dije que me iba a peinar igual, que al final con el secador me creó un remolino en el pelo. Muy espectacular si vas “a la moda”. ¿Resultado? Cuando pagué me fui al baño más cercano a empaparme el pelo para volver a sentirme de nuevo persona.

Esta vez ha habido mejor comunicación, una vez que vino un chico que sabía algo de inglés y hacía esfuerzos por entender mi japonés (aunque estoy seguro que el primer chico que intentó atenderme en esta segunda vez desconoce que en otros países se hablan lenguas diferentes, llamadas idiomas cuando se estudian).

Lo mejor de todo es el proceso. Da gusto ir a cortarte el pelo. Te da la sensación de que van a nombrarte caballero o algo por el estilo. Como mínimo gastan cerca de cinco toallas por persona más la típica cinta para el cuello y dos protectores enormes de plástico tamaño delantal por si las mocas. Durante la “ceremonia” se fijan y vuelven a fijar en cada parte que acaban de cortar y la retocan mil veces. Te muestran con la ayuda del espejo como queda esa primera parte por si hay que rectificar al principio y luego continúan. Demuestran una profesionalidad envidiable desde cualquier punto de vista. Te piden disculpas cada vez que quieren limpiarte la cara o hacer que te muevas para que ellos puedan cortar con mejor ángulo o posición. Poca máquina y mucha, muchísima tijera…mejor dicho, tijeras. Empleó conmigo por lo menos cinco tipos diferentes. No me había pasado en la vida. A todo esto decir que tienen un menú extensísimo, con muchas modalidades. Yo elegí simplemente corte y lavado, con un precio final de 1800¥ (en Palma de Mallorca pago más y no me lo lavan nunca). Luego el lavado, que dura también bastante tiempo, el secado, peinado e incluso para rematar la faena una toalla caliente para que te limpies la cara. Dicho esto, uno acaba y puede irse directamente a una boda o un bautizo.

Al final, el chico en japonés-inglés me explicaba las palabras técnicas por si volvía de nuevo allí (cosa que haré si tengo ocasión sin dudarlo). Aunque hay algo que me chocó sobremanera. Si bien el precio es el que pone el menú, si al pedir cita por adelantado eliges a un peluquero en concreto hay un recargo de 800¥. Tiempo total que estuve sentado: más de media hora, cuando por regla general estoy unos diez minutos en Palma.

Bueno, como no quiero dejar ninguna entrada sin imágenes, ahí os dejo el edificio de la Embajada de España en Japón. Me he dado cuenta de que guardan con gran recelo algunas costumbres de la madre patria, como el horario de atención al público, de 9:30 a 14:30 H de la mañana, pero en ese intervalo hay que descontar el tiempo para el "bocata" y la comida. Lo mejor de todo es que al menos puedes ir en metro y llegas enseguida.

6 comentarios:

Julio Lleonart i Crespo dijo...

Como se nota que no te has criado en familia de peluqueros como el menda, eso que cuentas para mi es lo normal XD Lo anormal es lo que dices que suele ser normal en España. Cómo siempre me ha cortado el pelo mi madre o mi tio, pues veo normal lo que a tí te han hecho en Japón XD

Miguel Ortega Pereira dijo...

Dios, pues mira que he ido ya a bastantes peluqueros y todos igual. Aunque siempre acabo en el mismo. La verdad es que hay una diferencia de trato notable, no sólo en esto sino en cualquier servicio público. Japón en ese sentido está a años luz de cualquier país que he conocido.

Sherlock Hound dijo...

¿Y lo bien que te lo pasas cuando ponen a parir al mallorqueta? Yo me parto cuando el hijo dice que Kiko es un gitanot... XD

Miguel Ortega Pereira dijo...

És veritat XDDDD

Eleone-Chan dijo...

Queremos la foto del antes y el después!!! XDDDD

PD: esas cosas escritas en kanjiii, que ya te dije que pusieras traducción cuando sea posible XDDD cabrito XD

Miguel Ortega Pereira dijo...

Kanji ja arimasen...Sore wa Hiragana desu.

Significa: Perdón (en su forma más formal y "autoculpándote" xD