viernes, 15 de febrero de 2008

Infierno blanco (2ª Parte)

¿Dónde lo había dejado? ¡Ah, sí! Tras dejar los puestos de avituallamiento y recoger a una pila de turistas australianos que son los auténticos protagonistas del negocio en invierno, llegué a Niseko tras otra hora de autocar. Y la verdad es que la sensación de estar en medio de la nada al lado de unas pistas de esquí me hizo dudar de lo lindo sobre el propósito de mi “misión”.

No obstante, como buen extremista que me considero, tras bajar del autocar y ver que los casi -10ºC (a todo esto en noche cerrada y sólo con las luces de los comercios como guías) se soportaban realmente bien y que la nieve te la sacudías sin problemas, pues las buenas sensaciones volvieron a aparecer de inmediato. Tras finalizar “mi misión” en inglés me alojé en una pensión, de las muchísimas que hay, dedicadas única y exclusivamente a la temporada invernal. Y he de decir que estaba muy bien, su situación y su calidad interior. Todo realmente limpio, muy limpio y la chica japonesa encargada una gran persona que incluso me dejó utilizar el ordenador de la empresa para revisar el correo y tuvo incluso la amabilidad de conversar conmigo en japonés y corregirme las frases.

A todo esto, sin haber apenas comido por el viaje extenuante, pedí recomendación culinaria y me comentó la chica anterior que fuera a un japonés en una de las pocas carreteras de que consta el pueblo. Una aventura oigan ustedes. Salir era demostrar tener agallas puesto que en mitad de la tormenta de nieve, el frío se lleva bien, pero las ráfagas de viento cargadas de nieve son mortales de necesidad. Eso sí, pasear entre los edificios sin distinguir calzada de acera y ver auténticos muros de nieve que cubren casi edificios enteros es algo indescriptible.

El restaurante japonés estaba llenísimo, a rebosar, aunque tuve suerte y hubo un puesto libre en la barra que ocupé a la velocidad del rayo. Bien la comida y nada mal el precio para ser típica oferta complementaria turística. Tras la cena, otro paseo sólo para valientes, las fotos de rigor y a descansar no sin antes ver una película en v.o. a través de la gigantesca pantalla plana que tenían en el hall de la pensión.

Según parece, Niseko está muy vivo en invierno, pero en verano son familias japonesas las que ocupan el hueco dejado por los esquiadores. Se realizan actividades de verano como senderismo o rafting. Sin duda, una gran época del año puesto que los parajes son formidables para tales fines. Lo único malo es que el pueblo directamente muere. Muchos restaurantes cierran y se quedan allí con lo mínimo y necesario. Si necesitas algo especial ya te tienes que desplazar a Kutchan, la villa cercana y que es mucho más grande. La distancia en coche a Sapporo, la capital de Hokkaidō, es de dos horas aproximadamente.

Ya por la mañana, otra vez viajecito de marras en autocar, con la tormenta amainando pero con las pistas de esquí cerradas lo que hizo que los australianos que compartían hospedaje con un servidor empezaran a soltar insultos contra todo el mundo en susurros (Anécdota culinaria: me sirvieron un pancake de plátano inabordable, todavía no sé cómo narices conseguí terminarlo, supongo que sería mi instinto de supervivencia). Como siempre unas fotos para el personal.

2 comentarios:

Julio Lleonart i Crespo dijo...

Curioso fin de post, ese post en el buho XD

Miguel Ortega Pereira dijo...

¿A qué mola? xD Pues si te digo que la hice en un sitio que tienen un pequeño museo de setas, no veas tú xD