viernes, 15 de febrero de 2008

Infierno blanco (1ª Parte)

Si esperáis saber si al final voy a poder mudarme a Japón, tendréis que esperar todavía unas horas, puesto que hasta el sábado no habrá fumata blanca. Eso sí, crónica del viaje la vais a tener e intentaré que sea lo más detallada posible para el disfrute del respetable. La verdad es que jamás había experimentado un viaje tan relámpago y a su vez tan espectacular. Me hacía bastante ilusión hace esta rápida incursión en la isla de Hokkaidō, una auténtica belleza desde el punto de vista ambiental.

Desde el inicio, se avecinaba un viaje bastante increíble, con muchísimas experiencias nuevas. Y no tardó mucho en concretarse dicha aseveración ya que el trayecto en avión que me llevaba desde el aeropuerto de Haneda hasta el aeropuerto de Chitose, bastante curioso al cursar una planta semicircular sin anexos algunos salvo el de una pequeña base aérea militar, lo realicé en un Boeing 747-400. ¿Os suena el modelo? Sí, un jumbo para un trayecto de apenas una hora y media cuando estos aviones suelen ser destinados por regla general para cubrir rutas intercontinentales. Como se dice en el cómic de Frank Miller, 300, “buen comienzo”. (Anécdota aeroportuaria: al lado de mi jumbo, había otro jumbo decorado todo él con los personajes de Pokémon…mañana prometo subir fotografías de dicho avión que es totalmente escandaloso).

Al llegar a Hokkaidō, pues todo blanco. Nieve por doquier, con profundidad de más de dos palmos. Eso sí, un día soleado que permitía apuntar el frío de -7ºC con bastante tranquilidad. Pese a que algunos podáis pensar que la temperatura era bastante extrema, he de decir que el frío es seco en esa parte de Japón. Lo que significa que una vez se abriga uno adecuadamente el frío pasa “relativamente” desapercibido. Desde aquí, una lánguida jornada en autocar hasta Niseko, el destino final, parando previamente en Rusutsu (otro centro de ski de bastante categoría parece ser) y un lugar llamado Forest, que no deja de ser un centro de avituallamiento en la carretera para descansar las piernas y comprar cuatro cosas básicas. Eso sí, menudo centro de avituallamiento, parecía más bien un supermercado. (Anécdota musical: al lado de los baños había un piano de cola… ¡automático que deleitaba a la gente que iba al baño con las bandas sonoras de Sonrisas y Lágrimas y Casablanca!). Salir del autocar y andar por la nieve fue una grata experiencia, pese a que te podías hundir en la nieve hasta la rodilla en algunas zonas.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención es la nieve en sí. No es como la que he sufrido en algunas partes de España, es decir, húmeda a más no poder, más bien lo contrario. La nieve en Hokkaidō es realmente seca y te la puedes sacudir de encima con suma facilidad y las prendas apenas se humedecen. Algo que agradecía al no llevar el calzado adecuado para esta peregrinación blanca. A todo esto era increíble ver los parajes anegados de nieve con estampas fotográficas estilo “postal” a ambos lados de la calzada.

Para que la crónica no se haga excesivamente larga, como siempre unas cuantas fotografías cortesía de la casa.

5 comentarios:

Sherlock Hound dijo...

¿Y tú quieres trabajar ahí? Hermanito, deja las drogas que te están afectando seriamente...

Miguel Ortega Pereira dijo...

¿Tengo que recordarte dónde estás tú en estos momentos? Al menos yo tendré agua potable en el grifo xDDD

Sherlock Hound dijo...

LOL, pues es verdad, jajajaja. XD

Eleone-Chan dijo...

me ha dado un escalofrío solo de ver las fotos ^^u

Miguel Ortega Pereira dijo...

Acojona, pero no es tanto al estar allí.

Mataría por trabajar allí. A ver si el miércoles me dan la alegría más grande de mi vida en el plano profesional.