martes, 29 de enero de 2008

Viaje, llegada y asentamiento

La verdad es que no sé por dónde narices empezar, puesto que han ocurrido algunas cosas curiosas, pero bueno. Voy a intentar seguir cronológicamente todos los hechos acaecidos en estos últimos días.

La primera etapa de este viaje que ha durado la friolera de aproximadamente cincuenta horas transcurrió en Madrid. Pasé un buen rato con mi amigo Hajime y mi amiga Elena (una de las responsables de programación de Jetix) junto con su pareja. La verdad es que la compañía no pudo ser mejor. Si no hubiese sido porque Hajime tenía que entrar a trabajar temprano por el tema de FITUR hubiese sido una de estas noches que no quieres que acabe de lo bien que te lo pasas charlando.

Hubo dos anécdotas. La primera de carácter nacional, es decir, que me dio por decir cada cinco minutos “mi último bocadillo”, “mi última croqueta”, “mi último pincho de tortilla” y cosas por el estilo. Mientras que la segunda estaba directamente relacionada con Dolmen Editorial. Y es que una foto vale más que mil palabra.



Al día siguiente madrugón, con más de treinta kilos de equipaje en el metro hacia el aeropuerto. Esta vez, como ya comenté hace unos días, volaba con SAS (Scandinavian Airlines), puesto que me salió por menos de 800€, vía Copenhague. En el primer salto el avión pertenecía a Spanair (no entro en detalles ni tecnicismos esta vez) y duró algo más de tres horas. Como es normal, si querías que te sirvieran algo, pues nada, a pagar. Sinceramente creo que tendría que haber una norma que regulara el servicio a bordo de las compañías. No es de justicia que con los precios de hoy en día, los vuelos europeos de más de tres horas de duración no ostenten un catering gratuito (al menos una bebida). ¿Asiento? Salida de emergencia que gracias a dios también disfruté en el tramo largo. Éste último tuvo una duración aproximada de once horas y se me hizo mucho menos pesado que la primera vez e incluso me permití el lujo de ver por enésima vez la última adaptación al cine del clásico de la literatura Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.

Al llegar a Tokyo experimenté el nuevo procedimiento de control de inmigración que se acaba de estrenar en Japón. Lisa y llanamente: te fichan. Primero huellas dactilares y luego fotografía al canto (la máquina que hace las dos cosas a la vez se las trae). Como llevaba el pasaporte recién renovado, la anterior etiqueta del visado de entrada a Japón no estaba, así que me preguntó acerca del propósito de mi visita (con cara de sorprendido al ver que le decía que iba a estar más de un mes de vacaciones). Tras el chequeo del equipaje (con rotura de maneta incluida) tenía dos opciones: tren y metro hasta la agencia inmobiliaria o bien ir en uno de esos autocares concertados con ciertas rutas. Fue sencillo decidirme al ver que estaba lloviendo y que la temperatura exterior rozaba los 0ºC centígrados (aunque se sobrevive sin problemas con buenas prendas de abrigo). Así que pagué religiosamente los 3000¥ que costaba el susodicho autocar y en apenas hora y cuarto me plantaba en la estación de Shinjuku. Comentar que durante el trayecto vi el parque de Disney que, por cierto, estaba en reformas.


Aquí empezó la primera búsqueda: saber dónde se encontraba el edifico de la agencia. Y no fue nada fácil, puesto que ni siquiera unos policías destinados en la zona de Shinjuku supieron decírmelo al principio. Aunque gracias a un mapa estilo “national geographic” al final encontramos el dichoso edificio…de hecho, uno de los policías que al principio me soltó de buenas a primeras “I cannot speak English” me acompañó, todo un detalle oigan ustedes.

En la agencia poco que contar, las chicas me atendieron perfectamente, aunque la verdad es que jamás había firmado tantas veces en un contrato de sólo tres hojas (creo que unas siete veces). Tras todos los trámites burocráticos y la pertinente explicación sobre la situación de la casa, me dirigí a Shakuji-koen, la zona donde residiré este próximo mes y pico.

La verdad es que ha costado un poco encontrar la casa, incluso preguntando a los vecinos de la zona. Y es que una de las cosas incomprensibles de Japón es el hecho de que no tengan calles, sino que numeran los bloques, lo que dificulta muchísimo la orientación. Como prueba, he tenido que preguntar a dos personas que vivían detrás de la casa y no me han sabido asegurar la calle con exactitud. Lo nunca visto.

La casa muy bien en lo que respecta a mi habitación, bastante limpia, aunque a la cocina le hace falta una reforma, pero es algo que no me preocupa en exceso puesto que salvo el desayuno, todas las demás comidas las realizaré fuera, intentando dar con esos restaurantes familiares que a veces son auténticas maravillas de la cuisine. ¿La cena de esta noche? Ramen de carne con troncos de bambú en un local pequeño realmente acogedor. Mañana subo fotos del restaurante.

6 comentarios:

emili moner dijo...

Veo que has llegado bien, lo de las calles me a conmocionado ya que lo normal es que si vives por ahí al lado supieses como se llama la calle pero bueno...Ya contarás más cosas (Sube muchas fotos).

PD:La clase de japonés sin ti ha sido muy tranquila(una cosa muy rara ,demasiado tranquila...)
Desde Sóller que t´ho passis bé.

Eleone-Chan dijo...

A ver si por culpa de esa tienda se destruye Madrid XDDDD

Es muy curioso, vemos en los mangas lo de hacer un mapa para que tus amigos sepan llegar a algún sitio, y nos creemos que es un tanto exagerado, cuando en realidad es así XD la próxima vez, utiliza el GPS y así no te pierdes...

Joooo yo tambien quiero rameeen T_T

Miguel Ortega Pereira dijo...

Sabía yo que mi ausencia se iba a notar. Da un saludo de mi parte a todos Emilio y sí subiré muchas fotos, aunque cuesta adaptarlas, a ver si me pongo.

Lo del gps Celia no es coña, en cuanto pueda pirateo mi móvil o algo para tener uno de Japón.

Tony Ruiz dijo...

Sabía que ibas a acabar "fichado"... ¡pero no nada más llegar! XD

Y veo que a tí también te han roto la maneta del equipaje. Vivan las líneas aereas.

¡¡Y ese bar lo conozco yo!! Que bueno...

Suerte, compañero.

P.D: Ya no sé las veces que me he tenido que registrar en Google/Blogger para poder escribirte estas líneas. ¿Que es lo que pasa? Me llega un mensaje de validación por Mail, lo utilizo y luego, cuando vuelvo a escribirte, no me quieren coger la contraseño. Urrrgggghhhhh

Miguel Ortega Pereira dijo...

Es lo que tiene leer comics y no saber de informática :p

Pues sí, la verdad es que ya sabía el procedimiento y la verdad es que lo veo muy bien. Todavía no sé porqué en España no se hace...

Begoña dijo...

Me pasa lo mismo cada vez que escrito un mensaje por primera vez en el blog, que me tengo que volver a registrar, me alegra saberlo, pensé que hacía algo mal.