jueves, 7 de febrero de 2008

¡Banzai!

Lo reconozco, hoy me he emocionado de lo lindo, además de haber, por fin, disfrutado de unos de los lugares que hacía siglos que quería visitar, el Santuario de Yasukuni. No pretendo dar clases de historia, ni mucho menos, pero voy a intentar explicar a grandes rasgos qué significado guarda dicho santuario.

Fue construido durante el período de gobierno del Emperador Meiji, quien llevó a cabo la imparable modernización de Japón tras abolirse el gobierno militar anterior (Bakufu), para rendir homenaje a todos los caídos, tanto japoneses como coloniales (coreanos y taiwaneses), en las diferentes guerras en la que se ha visto involucrado el País del Sol Naciente. Este santuario sintoísta llevó un nombre diferente, pero adoptó el de Yasukuni Jinja en 1879 y muchas décadas después, tras la derrota nipona en la II Guerra Mundial, se desvinculó del gobierno.

Es un lugar que a raíz de ciertas visitas realizadas por diferentes primeros ministros de Japón, sobre todo del célebre Jun’ichirō Koizumi, ha levantado ampollas en los países vecinos como China o Corea del Sur. ¿Por qué razón? Hay muchos criminales de guerra japoneses, condenados tras la guerra, que son venerados en este santuario, pero a partir del año 1978 unos cuantos criminales de guerra clasificados como Clase A, incluido el famoso primer ministro japonés Hideki Tōjō empezaron a ser considerados como mártires. Desde entonces todas las visitas que se realizan por la máxima autoridad gubernamental son consideradas como un auténtico desaire por los países asiáticos que he nombrado anteriormente. Y esto es más o menos, a grandes rasgos, lo que supone el Santuario de Yasukuni.

Por todo esto y por mi afición a la II Guerra Mundial he realizado una visita en condiciones acompañado de un sol radiante y no he podido quedar más satisfecho con lo visto. Pese a mantenerse gracias a subvenciones privadas, el santuario está cuidado al detalle, además tiene la ventaja de encontrarse al lado de una estación de metro, así que es imposible perderse por las inmediaciones. La entrada es increíble, llena de banderas de Japón, incluyendo la legendaria bandera del Sol Naciente, propiedad de la armada japonesa hasta la II Guerra Mundial y siendo en estos momentos en símbolo de las Fuerzas de Autodefensa. Todo repleto de furgones negros con las banderas ondeando a ambos lados de los pequeños aparcamientos habilitados de forma desordenada.

Me he encontrado con bastante gente por la mañana, pese a ser un día laborable, que iba a rezar tranquilamente quién sabe si por algún antepasado. Pero el santuario en sí, pese a ser ciertamente espectacular, no deja de ser parecido a otros que he podido ver hasta la fecha. No obstante, lo mejor es el museo militar y de guerra que se localiza al lado del santuario. Si algún lector es amante de la historia japonesa es, sin duda, un lugar de obligado visionado. Nada más entrar te encuentras con un Zero Japonés (caza aéreo utilizado por Japón durante la II Guerra Mundial), los submarinos tripulados por un único marinero (tan sólo queda uno sin destruir), y otro tipo de maquinaria bélica totalmente restaurada.

El museo se divide en dos plantas y toda la colección permanente realiza un repaso bastante completo a todo lo acontecido desde las primeras eras, pasando por la interesantísima etapa de unificación de Japón, hasta la finalización de la II Guerra Mundial. Nombres como Minamoto no Yoritomo, Nobunaga Oda, Ieyasu Tokugawa, Comodoro Perry entre muchísimos otros copan este museo de historia militar.

Una de las secciones más apasionantes es la que explica la creación de los pilotos Kamikaze y en qué tipo de aviones volaban. De hecho, existe una réplica de una de sus aeronaves que he podido ver in situ y que os adjunto en la última foto. El único pero que le pongo al museo es que no todas las vitrinas constan de placas explicativas en inglés y esto le resta algo de encanto al museo. Precio de la entrada: 800¥.


INTIMΛ

Cada día intento buscar un titulo más extraño. Esta vez incluyendo una letra griega. ¿A qué viene todo esto? Pues a que el día ha sido de lo más extraño desde el punto de vista climatológico. A primera hora nubes y claros, a media mañana amago de tormenta de nieve, durante la sobremesa lluvia que por la noche se ha visto acompañada de un aire gélido que parecía venir de Siberia. Así que salvo darme ciertos paseos por algunas librerías que me interesaban, localizadas cerca de Shibuya, hoy no ha habido nuevas visitas culturales por mi parte, pese a que tenía planeado rendir homenaje a los caídos japoneses en el Santuario de Yasukuni. Quizás mañana si el tiempo acompaña.

Así que voy a rescatar algunas cosas que he ido viendo, pero que he obviado hasta la fecha para que las entradas del blog no fueran consideradas como volúmenes enciclopédicos. ¿Os acordáis de mi paseo al estilo “Blitzkrieg” por Ginza del que os hablé hace poco? Pues bien, realmente fue algo más largo.

La zona de Ginza es, sin duda alguna, la zona dedicada en exclusiva a las grandes marcas de ropa, perfumería, cosméticos y repostería. Los precios se disparan, aunque si se busca bien se puede encontrar algo más o menos asequible. En Ginza es donde he visto más anuncios con personalidades occidentales como principales protagonistas (no sé porqué, pero Tommy Lee Jones está por todas partes en Tokyo en estos momentos). El punto más importante es el cruce y de ahí nacen las cuatro arterias principales de Ginza. Además de toda la retahíla de marcas, es una zona dedicada a la cultura teatral, puesto que los principales teatros de la ciudad se encuentran ahí. El mejor, desde mi punto de vista (me encanta el Kabuki) es el Kabukiza, uno de los más tradicionales y que casi siempre cuenta con una afluencia increíble. Tuve el privilegio de asistir a una representación de Kabuki el año pasado, pagando únicamente 1000¥. Aunque tuve que estar de pie, mereció muchísimo la pena. Luego tenemos los teatros Shinbashi Enbujo Theater, con cerca de mil quinientas localidades, y el Tokyo Takarazuka Theater que tiene como particularidad que todos los integrantes de la compañía Takarazuka son mujeres.

No obstante, no sólo del teatro vive Ginza, sino que se alimenta también de dos lugares emblemáticos: el Sony Building, en el que la marca Sony tiene un pequeño museo que espero visitar en breve, y el Tsukiji Market, mercado gigantesco dedicado casi en exclusiva al pescado... ¡que se abre a las cinco de la mañana y por el que se dice que pasa casi la cuarta parte del pescado del mundo! Será difícil encontrar transporte a dichas horas, pero según me comentó el Sr. Akira Kashima, en torno a las ocho de la mañana se celebran subastas y es interesante ir a verlas. Además de que hay restaurantes de sushi en los que el pescado todavía aletea prácticamente.

Lo más destacable de mi primera incursión en este distrito de la capital nipona fue encontrarme de sopetón con una mini exposición de coches Nissan de un lujo abrumador. Justamente terminaba ese día, así que tuve muchísima suerte de pasar por allí durante las últimas horas de la misma. Se habían expuesto dos coches en la primera semana y otros dos en la segunda, la mía: el Nissan GTR (deportivo negro que me pareció más o menos normal) y el Nissan INTIMΛ, que merece todos los elogios posibles. No es que sea únicamente espectacular el diseño tanto interior como exterior, sino que encima ¡tiene su propia línea de complementos de perfumería y marroquinería! No me atreví a preguntar el precio por miedo a un colapso neuronal, pero me quedé con las ganas de subir dentro. Disfrutad de las imágenes como siempre.

martes, 5 de febrero de 2008

R... de regalos

¿Por qué pongo la “r” en mayúsculas? Pues porque los regalos que he recibido hoy, sin duda sin merecerlos, son de una calidad increíble y seguramente los mejores recuerdos que tenga de Japón, junto con los amigos que hice durante mi primera estancia en este país. Eso sí, es muy posible que esos recuerdos, si dios quiere, residan conmigo en Japón durante mucho tiempo (de hecho, cuanto más mejor).

Si ayer os explicaba que el día, climatológicamente hablando, había sido bastante bueno, el de hoy ha sido aún mejor. Bastaba con una chaqueta para pasear por Tokyo, con un sol que me ha hecho recordar gratamente esas mañanas primaverales de Palma de Mallorca. Cerca de 15ºC, eso lo dice todo. No obstante, hoy no ha habido lugar para visitas culturales, sino que he dedicado todo el día a los quehaceres editoriales de Dolmen Editorial. En total han sido dos reuniones. La primera en el edificio central de la todopoderosa Shogakukan y la segunda en las oficinas de Tezuka Productions. Todo esto gracias al patronazgo del Sr. Akira Kashima, quien realiza las veces de intermediario entre Dolmen Editorial y las mentadas casas editoriales japonesas y a quien le doy las gracias por su amabilidad.

A las dos de la tarde se había concretado la primera reunión y he vuelto a ser recibido por los responsables de Shogakukan con los que Vicente (director de Dolmen Editorial) y un servidor tuvimos ocasión de entrevistarnos durante la pasada Feria del Libro de Frankfurt. Como siempre una reunión de lo más amena. Obviamente no puedo relatar los detalles del encuentro al estar amparados por el tan conocido “secreto profesional”. Sin embargo, sí puedo relataros la excursión guiada que he podido realizar por las gigantescas oficinas del Edificio Shogakukan (puesto que es un edificio entero). Sencillamente impresionante. Con plantas dedicadas exclusivamente a cierto tipo de revistas o libros.

Pasear por la planta donde la revista Shonen Sunday (por cierto, he estado hablando personalmente con su editor jefe) o sus hermanas para adultos Big Comic son planificadas y demás ha sido una experiencia casi religiosa. He tenido la sensación de estar peregrinando a tierra santa. Y lo mejor de todo es que pese a que había mucha gente trabajando a esas horas del mediodía, mi guía me decía que las oficinas estaban casi vacías y que era por la noche cuando la actividad se volvía frenética de cara a cierres de revistas y las tantas miles de publicaciones que Shogakukan lanza cada mes. Una auténtica locura (eso sin mencionar que tienen un departamento única y exclusivamente dedicado a editar revistas para profesores recién salidos de la universidad que les enseñan cómo impartir sus primeras lecciones, algo que mucho me temo sería inviable no sólo en España, sino en toda Europa). Naturalmente, por pura cortesía, no he querido indagar en la posibilidad de realizar fotografías. ¿Y los regalos? Pues en esta primera reunión los regalos han sido los siguientes: un calendario del 2008 con imágenes de Cross Game de Mitsuru Adachi, un libro de imágenes de gatos, una revista para niños/as de segundo grado de primaria con unos regalos, un libro para aprender japonés para niños japoneses de primaria y, lo mejor de todo, el diccionario Japonés-Español de Shogakukan, que es considerado posiblemente el mejor en su materia en Japón y cuyo precio de mercado es de 6,600¥. Ya no me tendré que comprar uno en España.

Tras la reunión, y sin apenas tiempo para comer, nos hemos dirigido a las oficinas de Tezuka Productions. Un curioso edificio que antes era una escuela, pero que fue comprado y remodelado para servir de cuartel general para la gestión del legado del gran maestro. La reunión ha vuelto a ser realmente amena, más aún cuando Dolmen Editorial acaba de anunciar la licencia de su primer título de Osamu Tezuka de cara al Salón Internacional del Cómic de Barcelona. He vuelto a tener el privilegio de merodear por el edificio y la verdad es que ha sido algo abrumador. ¡Todo estaba decorado con originales de Osamu Tezuka a color! Y además, una estatua de Astroboy daba la bienvenida a los visitantes. La planta baja estaba atestada de merchandising de todos y cada uno de los personajes creados por el autor de Black Jack. Una auténtica delicia. ¿Y los regalos? Pues nada más y nada menos que el catálogo Tezuka, The Marvel of Manga realizado en inglés para la exposición que tuvo lugar en el National Gallery of Victoria (Melbourne, Australia) a finales del 2006. Una obra de arte hecha catálogo. Os dejo con una fotografía estilo "collage" de mis nuevas pertenencias.

Calma tras la tormenta

El día ha sido radiante en todos los aspectos, pese a que a partir de las cinco de la tarde aproximadamente el viento gélido ha vuelto a campar por sus anchas por la capital nipona. Pese a éste último detalle, el sol ha brillado e incluso ha llegado a hacer calor al mediodía, bastando una simple chaqueta para pasear a lo largo y ancho de Asakusa, destino del día.

No obstante, hoy era un día que iba a planificar, valga la redundancia, dos días venideros. ¿A qué viene todo esto? A que ya he fijado las fechas de mi viaje relámpago a Hokkaido (aunque mi destino final es Hirafu, un lugar en medio de las montañas nevadas de la isla norteña del archipiélago japonés).

Estaré fuera exactamente veinticuatro horas. He escogido ANA como compañía aérea al haber ya volado con ella durante mi primera estancia en Japón, realizando el trayecto de Fukuoka a Tokyo. El precio en clase turista con tasas incluidas ha sido de 29,000¥ y el trayecto apenas dura una hora y media aproximadamente, desplazándome desde el aeropuerto de Haneda a Chitose. Tras llegar a Sapporo, dos horas de camino hasta Hirafu y a cruzar los dedos se ha dicho.

Ha sido realmente entretenido el proceso de adquisición del billete. La chica de la agencia de viajes, bastante joven por cierto, ha directamente impreso hojas de la web de ANA (supongo que a través de un portal dedicado a agentes de viajes) y al terminar la transacción simplemente ha impreso dos hojas para los dos vuelos y listos. Añadir que me he visto obligado a escribir mi nombre en Katakana para que pudiera leerse en dichas hojas, es decir, así: ミゲル オルテガ. Otro de esos recuerdos que se te quedan grabados para siempre supongo.

Nada más terminar, como un rayo me he dirigido a Asakusa para realizar una serie de visitas que se quedaron en el tintero la última vez: Sensoji Temple, Asakusajinja Shrine y Nakamise, principalmente. Todas las paradas están conectadas entre sí. Nakamise es una calle que rondará los trescientos metros de largo, pero tiene la particularidad de que está repleta de tiendas que datan del Período de Edo. Como es lógico muchas de ellas han acabado digamos “sucumbiendo” a las técnicas de venta rápida de cara a los turistas, en su mayoría coreanos y chinos (con la peculiaridad de toparme con un grupo de Boy Scouts de USA con los nombres colgando de sus cuellos y con sus auténticas vestimentas). Atestada de gente de toda clase y condición, lo mejor son los pequeños puestos familiares de dulces en los que los propios cocineros te muestran casi delante de tus narices cómo se hacen (algo habitual en todo Japón). Pero es realmente espectacular la estampa que deja al fondo de la calle la entrada al Sensoji Temple, el más viejo de Tokyo y con una típica linterna japonesa inmensa a la entrada, además que aún quedaban vestigios de nieve. Como por la mañana hacía todavía algo de fresco, el puesto que más atraía a los turistas era uno cuyo reclamo consistía en el siguiente cartel: “Típico sake japonés dulce a 200¥ el vaso”. Servidor al estar de servicio decidió proseguir con la visita cultural.

Luego venía la zona de purificación. Esta vez creo que con dos etapas. La primera una especie de urna gigantesca en medio de la calle en la que se ponían, si no voy errado, barritas de incienso. Pues eso era todo un peligro para la gente mayor que se acercaba con gran ilusión y salían con una tos de espanto, casi pidiendo una ambulancia. Y la segunda, ¿cómo no?, la fuente para la purificación de manos y boca (algún turista se saltaba a la torera lo “no beber del cazo directamente” desgraciadamente).

Justamente al lado se encuentra el Asakusajinja Shrine, cuyo principal aliciente es el Sanja Festival, uno de los festivales tradicionales más importantes de Japón. Se ve que las celebraciones allí son realmente buenas. Lástima no haber coincidido con las fechas.

En general, Asakusa es una zona bastante tradicional, donde abundan las tiendas de quimonos, con todo tipo de precios, colores, complementos. Destaco a una señora que dibuja en vivo y en directo sobre una típica toalla japonesa un dragón con una precisión increíble. No he querido hacer una foto de la escena, pero creo que me he quedado embobado junto a una pareja de coreanos por los menos diez minutos.

Si pasamos al tema de las anécdotas, que se está convirtiendo en una pseudo-sección de cada una de las entradas de este blog, hoy volvemos a tener partida doble. La primera ha sido ver como un hombre bajaba a toda pastilla unas escaleras del Sensoji Temple y bloques de nieve que caían del tejado le iban cayendo por todos los lados a diestro y siniestro. Si el más grande le hubiese dado, igual el pobre pasa la noche en urgencias. Finalmente, cuando ya me dirigía de vuelta al hogar y tras haber realizado una incursión estilo “Blitzkrieg” por Ginza, necesitaba mirar la mejor línea de metro para la conexión, puesto que el pase mensual me limita ciertas líneas, pero a veces puedo coger varias en una misma estación. Pues bien, mientras me dirigía al primer metro miraba la siguiente conexión un hombre, no japonés, me pregunta: “Do you know where you are going?” (“¿Sabes a dónde te diriges?” o “¿Sabes a dónde vas?”) a lo que he respondido amablemente “Yes, thank you”. Sólo realizaba una parada con el primer metro para luego conectar con el metro que me llevaba a Ikebukuro. ¿Adivinad con quién me vuelvo a encontrar nada más bajar del vagón? Pues sí, con el mismo hombre que se había bajado de otro vagón… ¡y estaba mirando el mapa de las líneas de metro de una columna! Pero la repanocha ha sido cuando el tío se ha vuelto a subir al mismo vagón. Menos mal que sabía mi camino, que si no, hubiese acabado en Nagoya o más lejos aún.

domingo, 3 de febrero de 2008

¿Quién dijo miedo? (Para los allegados "Here I come...")

No sé si sabéis que Japón es uno de los países en los que más nieva del mundo. De hecho, creo que hasta hace poco era el primero, sobre todo por los quince metros de nieve al año que recibe Hokkaido, la isla de Japón situada al norte. Pues bien, hoy he tenido una gran muestra de dicha característica. La nieve en Tokyo.

Sí, señoras y señores. Ha nevado y todavía lo sigue haciendo y con bastante fuerza. La verdad es que ayer ya anunciaba nieve el gadget japonés que tengo instalado en el windows vista, pero no pensé que fuera a ser una tormenta tan sumamente grande y, sobre todo, duradera. Así que he desayunado con varios dedos de nieve. Como no soy propenso a estar en casa a verlas venir, es decir, a ver si paraba a media mañana, he decidido tirar de coraje para salir a la calle. La temperatura era de casi -5ºC por la mañana, pero al ver que los japoneses salían a la calle, no iba a ser el único que no lo hiciera. Además, posiblemente no vea durante algún tiempo la nieve en Tokyo, así que pensé que sería una oportunidad magnífica de tomar unas buenas instantáneas de la capital nipona vestidita de blanco.

He decidido trasladarme a Harajuku y ver si las calles comerciales cercanas a Omotesandō estaban tan repletas de gente como en anteriores jornadas o si la nieve había causado bajas, como alegremente esperaba. Obviamente, me equivoqué. Las condiciones climatológicas han sido una mera comparsa para los ciudadanos de Tokyo que se han lanzado a la calle como posesos. Todas las callejuelas de Harajuku estaban intransitables por la nieve y por la gente y, desde luego, no seré yo quien decida cuál de dichos factores era el peor. Eso sí, he podido comprobar que los japonesas pese a llevar zapatos de tacón con nieve poseen una técnica de deslizamiento que ya quisieran algunos que presumen de botas Camel.

Tras Harajuku, Shibuya de nuevo, dando un “paseo” al lado del Yoyogi National Stadium, dirección sur. Si Harajuku era un auténtico hervidero, Shibuya ya era el no va más. Muy corto se queda lo que os expliqué el anterior día. No obstante, he sentido una gran pena por las personas que al más puro estilo Godai de Maison Ikkoku (manga de Rumiko Takahashi), estaban intentando atraer clientes con la que les estaba cayendo encima (muchas de ellas chicas bastante jóvenes y que ni siquiera llevaban ropa adecuada o el uniforme no era lo suficientemente bueno para protegerlas de la nieve, ventisca, lluvia en forma de granizo y demás adversidades). Simplemente deseo que a fin de mes vean recompensado su esfuerzo.


Lo mejor del día ha sido sin duda el descubrimiento de un restaurante italiano. Os dejo como siempre unas fotografías y a ver quién adivina cuál ha sido el precio de la cena (no contéis el agua que es gratis en Japón por ley).

Purificación

Hoy una entrada algo más corta, pero no por ello menos cultural. Mientras que ha sido un día más tranquilo en general, salvo una auténtica clase de japonés-español con otra de mis amigas japonesas, Miki, me he propuesto realizar una pequeña traducción del ritual de purificación que se realiza en algunos templos/santuarios. Así que voy a traducir del inglés al español las instrucciones que se pueden leer a la entrada del Meiji Shingu Shrine, lugar del que os hablé ayer mismo. Aquí tenéis la traducción:

Por favor, lávense las manos y la boca antes de rezar. Libere su mente por favor. Cambiando el cazo de una mano a otra, límpiese primero la mano izquierda y a continuación la derecha. Vierta agua sobre la palma de su mano izquierda y límpiese la boca con ella. Mantenga con ambas manos el cazo en posición vertical para limpiar el mango del cazo con el agua sobrante. Deje el cazo en su posición original. Por favor, absténganse de beber agua directamente del cazo”.

Os dejo la prueba del delito, una foto y un video para cambiar un poco la tónica y no dejar de nuevo un aluvión de fotografías.



viernes, 1 de febrero de 2008

Hachikō, Shibuya 109 y Amapola

¿A qué os gusta el título? Aquellos lectores duchos en la cultura japonesa (por definirlo de alguna manera) sabrán a qué me refiero con Hachikō, mientras que el segundo sustantivo, pese a representar una flor, en este caso concreto no guarda ninguna relación con la flora.

¿Sabéis quién es Hachikō, dónde se encuentra o qué representa? Pues es un perro muy famoso que se ganó el apodo de “perro fiel”, puesto que durante diez años tras la muerte de su amo continuaba yendo a la estación a esperarle. Hay una estatua suya en Shibuya, uno de los centros neurálgicos de Tokyo y centro de reunión de cientos de miles de japoneses al día. Todo esto significa que hoy me he dirigido a Shibuya…de día. De noche es un auténtico foco de luz que es visible desde todos los puntos elevados de la ciudad.

Shibuya no es tal y como lo pintan en los mangas, ni mucho menos. Dichas descripciones y analogías se quedan realmente cortas...demasiado. Shibuya es una zona que siempre está activa independientemente de la hora a la que acudas, sin desmerecer en absoluto las horas intempestivas. Es posiblemente la imagen de Japón que todo occidente tiene, la del legendario cruce visto desde arriba junto con el edificio Shibuya 109, en japonés “ichi maru kyuu”, como elemento principal. Pero el edificio Shibuya 109 no juega un papel ornamental. Nada más lejos de la realidad, sino que es un complejo de muchísimas plantas dedicadas al cien por cien al mundo de la moda femenina, tocando todos los palos, estilos y marcas que uno no puede imaginar. Sí, habéis leído bien, imposible de imaginar. No sé si decir que las japoneses van un paso por delante o se dedican a seguir el camino que más les conviene. La ropa y los complementos que se pueden obtener en el Shibuya 109 poseen todo tipo de formas y colores (y hasta me atrevería a acuñar las palabras de mi amiga Celia cuando habla de “olores y sabores”).

Una vez dentro, las plantas son realmente pequeñas y su estructura circular hace que sea imposible que no se vean todas las tiendas. En tan sólo medio minuto ya se ha dado la vuelta a la planta, aunque he de reconocer que el espacio está aprovechado al máximo, sin dejar resquicio alguno. Cada tienda dispone de su propia “banda sonora” y las dependientas van a la última en todos los sentidos posibles.

La verdad es que se llega a sufrir un auténtico colapso visual y su efecto hipnótico es claro y notorio. En lo que respecta a los precios he de reconocer que, pese a que se supone que es lo más de lo más, son asequibles para todos los bolsillos. Desde pantalones (de mujer) de 2,000¥ hasta cinturones góticos o “chics” de 15,000¥. La verdad es que me ha sido posible establecer un patrón para los precios. Aunque eso sí, la competencia no es que sea feroz, sino que directamente se apuñalan entre las diferentes tiendas. Eso sí, con cortesía y elegancia.

Tras visitar la zona, que era un auténtico hervidero, y comprobar in situ que los DVDs están más caros que en España, los más baratos, siendo de promoción especial, no bajaban de los 1,500¥, he tenido el placer de reencontrarme con Maiko, una de las representantes de Japón para la beca GYE 2007 (y ahora amiga), e ir a comer con ella a un restaurante brasileño de estilo buffet. La comida no estuvo nada mal para 880¥ que tuvimos que desembolsar por cabeza.

Tras una distendida sobremesa recordando viejos momentos y, sobre todo, practicando todo el japonés posible (まいこさんはすばらし先生です) he vuelto a recurrir a la táctica de “la caminata de varias horas”. Y desde Shibuya me he ido al Yoyogi Park, parque inmenso donde los haya, y al Meiji Shingu Shrine, lugar al que guardo un cariño especial (cuya entrada además desemboca directamente en Harajuku, otro de esos lugares que merecen un apartado aparte).

Ni qué decir tiene que es uno de los estiletes turísticos más importantes de la capital de Japón y donde quizás me haya topado con un mayor número de “gaikakujin” desde que pisé suelo nipón. El Yoyogi Park es un parque de asueto puro y duro, con los típicos puestos para el no menos típico picnic familiar. Tiene un cierto aire a los parques ingleses y está plagado de cuervos. ¡Qué digo plagado! Están por todas partes y se han acostumbrado tanto a los humanos que se pueden hasta tocar (acción que he evitado a toda costa al tener un gran cariño por mis dedos), por no decir que son en muchas ocasiones sustitutivos de las palomas.

Tras un par de horas deambulando por el parque, giro al norte para adentrarme de nuevo en los jardines del Meiji Shingu Shrine. El santuario es de lo más increíble. Plagado de gente todos los días del año prácticamente y uno de los sitios que mejor recuerdo deja por lo que representa. Obviamente está relacionado directamente con el Emperador Meiji, emperador que impulsó la etapa modernizadora de Japón a finales del siglo XIX y principios del siguiente.

Pasando al tema de las anécdotas, hoy ha habido dos. La primera durante mi visita al Meiji Shingu Shrine, en la que dos chicas japonesas me han pedido que les hiciera una foto. Obviamente no me he negado pues yo andaba al acecho de algún inocente que cumpliera con la misma misión para conmigo. Me han dado un móvil que directamente no describo (me llevaría varias hojas, pero simplemente comentar que es la pantalla plana más grande que jamás he visto en un móvil). Pero le mejor de todo ha sido cuando he esgrimido un par de frases en japonés y se me han quedado mirando con cara de estupefacción, como si fuera imposible para ellas comprender que los idiomas aprenden. Pero ahí no acabó la cosa, sino que cuando les dije que me “devolvieran el favor” se quedaron aún más sorprendidas con mi cámara. Se apuntaron el nombre puesto que según ellas tenía una calidad brutal y me preguntaron dónde la había adquirido. De nuevo el mundo al revés.


Finalmente el último apunte de hoy lo dedico a Amapola, el nombre del restaurante español que al azar me he encontrado en el centro comercial Metropolitan Plaza de Ikebukuro. He de confesar que nunca me había sentido tan observado al saber que contaban con un español en su clientela nocturna. Me he divertido bastante al ver como los japoneses se “deleitaban” con… ¡paellas por la noche! Servidor ha escogido gambas al ajillo, chuletas de cordero (señor/señora cocinero/a el aceite para freír pero no como salsa) y tarta de queso. ¿Precio? 3,750¥ ¿Nota? Un 6 sobre diez. Lo mejor el servicio, aunque creo que exagerado por mi presencia.