martes, 5 de febrero de 2008

R... de regalos

¿Por qué pongo la “r” en mayúsculas? Pues porque los regalos que he recibido hoy, sin duda sin merecerlos, son de una calidad increíble y seguramente los mejores recuerdos que tenga de Japón, junto con los amigos que hice durante mi primera estancia en este país. Eso sí, es muy posible que esos recuerdos, si dios quiere, residan conmigo en Japón durante mucho tiempo (de hecho, cuanto más mejor).

Si ayer os explicaba que el día, climatológicamente hablando, había sido bastante bueno, el de hoy ha sido aún mejor. Bastaba con una chaqueta para pasear por Tokyo, con un sol que me ha hecho recordar gratamente esas mañanas primaverales de Palma de Mallorca. Cerca de 15ºC, eso lo dice todo. No obstante, hoy no ha habido lugar para visitas culturales, sino que he dedicado todo el día a los quehaceres editoriales de Dolmen Editorial. En total han sido dos reuniones. La primera en el edificio central de la todopoderosa Shogakukan y la segunda en las oficinas de Tezuka Productions. Todo esto gracias al patronazgo del Sr. Akira Kashima, quien realiza las veces de intermediario entre Dolmen Editorial y las mentadas casas editoriales japonesas y a quien le doy las gracias por su amabilidad.

A las dos de la tarde se había concretado la primera reunión y he vuelto a ser recibido por los responsables de Shogakukan con los que Vicente (director de Dolmen Editorial) y un servidor tuvimos ocasión de entrevistarnos durante la pasada Feria del Libro de Frankfurt. Como siempre una reunión de lo más amena. Obviamente no puedo relatar los detalles del encuentro al estar amparados por el tan conocido “secreto profesional”. Sin embargo, sí puedo relataros la excursión guiada que he podido realizar por las gigantescas oficinas del Edificio Shogakukan (puesto que es un edificio entero). Sencillamente impresionante. Con plantas dedicadas exclusivamente a cierto tipo de revistas o libros.

Pasear por la planta donde la revista Shonen Sunday (por cierto, he estado hablando personalmente con su editor jefe) o sus hermanas para adultos Big Comic son planificadas y demás ha sido una experiencia casi religiosa. He tenido la sensación de estar peregrinando a tierra santa. Y lo mejor de todo es que pese a que había mucha gente trabajando a esas horas del mediodía, mi guía me decía que las oficinas estaban casi vacías y que era por la noche cuando la actividad se volvía frenética de cara a cierres de revistas y las tantas miles de publicaciones que Shogakukan lanza cada mes. Una auténtica locura (eso sin mencionar que tienen un departamento única y exclusivamente dedicado a editar revistas para profesores recién salidos de la universidad que les enseñan cómo impartir sus primeras lecciones, algo que mucho me temo sería inviable no sólo en España, sino en toda Europa). Naturalmente, por pura cortesía, no he querido indagar en la posibilidad de realizar fotografías. ¿Y los regalos? Pues en esta primera reunión los regalos han sido los siguientes: un calendario del 2008 con imágenes de Cross Game de Mitsuru Adachi, un libro de imágenes de gatos, una revista para niños/as de segundo grado de primaria con unos regalos, un libro para aprender japonés para niños japoneses de primaria y, lo mejor de todo, el diccionario Japonés-Español de Shogakukan, que es considerado posiblemente el mejor en su materia en Japón y cuyo precio de mercado es de 6,600¥. Ya no me tendré que comprar uno en España.

Tras la reunión, y sin apenas tiempo para comer, nos hemos dirigido a las oficinas de Tezuka Productions. Un curioso edificio que antes era una escuela, pero que fue comprado y remodelado para servir de cuartel general para la gestión del legado del gran maestro. La reunión ha vuelto a ser realmente amena, más aún cuando Dolmen Editorial acaba de anunciar la licencia de su primer título de Osamu Tezuka de cara al Salón Internacional del Cómic de Barcelona. He vuelto a tener el privilegio de merodear por el edificio y la verdad es que ha sido algo abrumador. ¡Todo estaba decorado con originales de Osamu Tezuka a color! Y además, una estatua de Astroboy daba la bienvenida a los visitantes. La planta baja estaba atestada de merchandising de todos y cada uno de los personajes creados por el autor de Black Jack. Una auténtica delicia. ¿Y los regalos? Pues nada más y nada menos que el catálogo Tezuka, The Marvel of Manga realizado en inglés para la exposición que tuvo lugar en el National Gallery of Victoria (Melbourne, Australia) a finales del 2006. Una obra de arte hecha catálogo. Os dejo con una fotografía estilo "collage" de mis nuevas pertenencias.

Calma tras la tormenta

El día ha sido radiante en todos los aspectos, pese a que a partir de las cinco de la tarde aproximadamente el viento gélido ha vuelto a campar por sus anchas por la capital nipona. Pese a éste último detalle, el sol ha brillado e incluso ha llegado a hacer calor al mediodía, bastando una simple chaqueta para pasear a lo largo y ancho de Asakusa, destino del día.

No obstante, hoy era un día que iba a planificar, valga la redundancia, dos días venideros. ¿A qué viene todo esto? A que ya he fijado las fechas de mi viaje relámpago a Hokkaido (aunque mi destino final es Hirafu, un lugar en medio de las montañas nevadas de la isla norteña del archipiélago japonés).

Estaré fuera exactamente veinticuatro horas. He escogido ANA como compañía aérea al haber ya volado con ella durante mi primera estancia en Japón, realizando el trayecto de Fukuoka a Tokyo. El precio en clase turista con tasas incluidas ha sido de 29,000¥ y el trayecto apenas dura una hora y media aproximadamente, desplazándome desde el aeropuerto de Haneda a Chitose. Tras llegar a Sapporo, dos horas de camino hasta Hirafu y a cruzar los dedos se ha dicho.

Ha sido realmente entretenido el proceso de adquisición del billete. La chica de la agencia de viajes, bastante joven por cierto, ha directamente impreso hojas de la web de ANA (supongo que a través de un portal dedicado a agentes de viajes) y al terminar la transacción simplemente ha impreso dos hojas para los dos vuelos y listos. Añadir que me he visto obligado a escribir mi nombre en Katakana para que pudiera leerse en dichas hojas, es decir, así: ミゲル オルテガ. Otro de esos recuerdos que se te quedan grabados para siempre supongo.

Nada más terminar, como un rayo me he dirigido a Asakusa para realizar una serie de visitas que se quedaron en el tintero la última vez: Sensoji Temple, Asakusajinja Shrine y Nakamise, principalmente. Todas las paradas están conectadas entre sí. Nakamise es una calle que rondará los trescientos metros de largo, pero tiene la particularidad de que está repleta de tiendas que datan del Período de Edo. Como es lógico muchas de ellas han acabado digamos “sucumbiendo” a las técnicas de venta rápida de cara a los turistas, en su mayoría coreanos y chinos (con la peculiaridad de toparme con un grupo de Boy Scouts de USA con los nombres colgando de sus cuellos y con sus auténticas vestimentas). Atestada de gente de toda clase y condición, lo mejor son los pequeños puestos familiares de dulces en los que los propios cocineros te muestran casi delante de tus narices cómo se hacen (algo habitual en todo Japón). Pero es realmente espectacular la estampa que deja al fondo de la calle la entrada al Sensoji Temple, el más viejo de Tokyo y con una típica linterna japonesa inmensa a la entrada, además que aún quedaban vestigios de nieve. Como por la mañana hacía todavía algo de fresco, el puesto que más atraía a los turistas era uno cuyo reclamo consistía en el siguiente cartel: “Típico sake japonés dulce a 200¥ el vaso”. Servidor al estar de servicio decidió proseguir con la visita cultural.

Luego venía la zona de purificación. Esta vez creo que con dos etapas. La primera una especie de urna gigantesca en medio de la calle en la que se ponían, si no voy errado, barritas de incienso. Pues eso era todo un peligro para la gente mayor que se acercaba con gran ilusión y salían con una tos de espanto, casi pidiendo una ambulancia. Y la segunda, ¿cómo no?, la fuente para la purificación de manos y boca (algún turista se saltaba a la torera lo “no beber del cazo directamente” desgraciadamente).

Justamente al lado se encuentra el Asakusajinja Shrine, cuyo principal aliciente es el Sanja Festival, uno de los festivales tradicionales más importantes de Japón. Se ve que las celebraciones allí son realmente buenas. Lástima no haber coincidido con las fechas.

En general, Asakusa es una zona bastante tradicional, donde abundan las tiendas de quimonos, con todo tipo de precios, colores, complementos. Destaco a una señora que dibuja en vivo y en directo sobre una típica toalla japonesa un dragón con una precisión increíble. No he querido hacer una foto de la escena, pero creo que me he quedado embobado junto a una pareja de coreanos por los menos diez minutos.

Si pasamos al tema de las anécdotas, que se está convirtiendo en una pseudo-sección de cada una de las entradas de este blog, hoy volvemos a tener partida doble. La primera ha sido ver como un hombre bajaba a toda pastilla unas escaleras del Sensoji Temple y bloques de nieve que caían del tejado le iban cayendo por todos los lados a diestro y siniestro. Si el más grande le hubiese dado, igual el pobre pasa la noche en urgencias. Finalmente, cuando ya me dirigía de vuelta al hogar y tras haber realizado una incursión estilo “Blitzkrieg” por Ginza, necesitaba mirar la mejor línea de metro para la conexión, puesto que el pase mensual me limita ciertas líneas, pero a veces puedo coger varias en una misma estación. Pues bien, mientras me dirigía al primer metro miraba la siguiente conexión un hombre, no japonés, me pregunta: “Do you know where you are going?” (“¿Sabes a dónde te diriges?” o “¿Sabes a dónde vas?”) a lo que he respondido amablemente “Yes, thank you”. Sólo realizaba una parada con el primer metro para luego conectar con el metro que me llevaba a Ikebukuro. ¿Adivinad con quién me vuelvo a encontrar nada más bajar del vagón? Pues sí, con el mismo hombre que se había bajado de otro vagón… ¡y estaba mirando el mapa de las líneas de metro de una columna! Pero la repanocha ha sido cuando el tío se ha vuelto a subir al mismo vagón. Menos mal que sabía mi camino, que si no, hubiese acabado en Nagoya o más lejos aún.

domingo, 3 de febrero de 2008

¿Quién dijo miedo? (Para los allegados "Here I come...")

No sé si sabéis que Japón es uno de los países en los que más nieva del mundo. De hecho, creo que hasta hace poco era el primero, sobre todo por los quince metros de nieve al año que recibe Hokkaido, la isla de Japón situada al norte. Pues bien, hoy he tenido una gran muestra de dicha característica. La nieve en Tokyo.

Sí, señoras y señores. Ha nevado y todavía lo sigue haciendo y con bastante fuerza. La verdad es que ayer ya anunciaba nieve el gadget japonés que tengo instalado en el windows vista, pero no pensé que fuera a ser una tormenta tan sumamente grande y, sobre todo, duradera. Así que he desayunado con varios dedos de nieve. Como no soy propenso a estar en casa a verlas venir, es decir, a ver si paraba a media mañana, he decidido tirar de coraje para salir a la calle. La temperatura era de casi -5ºC por la mañana, pero al ver que los japoneses salían a la calle, no iba a ser el único que no lo hiciera. Además, posiblemente no vea durante algún tiempo la nieve en Tokyo, así que pensé que sería una oportunidad magnífica de tomar unas buenas instantáneas de la capital nipona vestidita de blanco.

He decidido trasladarme a Harajuku y ver si las calles comerciales cercanas a Omotesandō estaban tan repletas de gente como en anteriores jornadas o si la nieve había causado bajas, como alegremente esperaba. Obviamente, me equivoqué. Las condiciones climatológicas han sido una mera comparsa para los ciudadanos de Tokyo que se han lanzado a la calle como posesos. Todas las callejuelas de Harajuku estaban intransitables por la nieve y por la gente y, desde luego, no seré yo quien decida cuál de dichos factores era el peor. Eso sí, he podido comprobar que los japonesas pese a llevar zapatos de tacón con nieve poseen una técnica de deslizamiento que ya quisieran algunos que presumen de botas Camel.

Tras Harajuku, Shibuya de nuevo, dando un “paseo” al lado del Yoyogi National Stadium, dirección sur. Si Harajuku era un auténtico hervidero, Shibuya ya era el no va más. Muy corto se queda lo que os expliqué el anterior día. No obstante, he sentido una gran pena por las personas que al más puro estilo Godai de Maison Ikkoku (manga de Rumiko Takahashi), estaban intentando atraer clientes con la que les estaba cayendo encima (muchas de ellas chicas bastante jóvenes y que ni siquiera llevaban ropa adecuada o el uniforme no era lo suficientemente bueno para protegerlas de la nieve, ventisca, lluvia en forma de granizo y demás adversidades). Simplemente deseo que a fin de mes vean recompensado su esfuerzo.


Lo mejor del día ha sido sin duda el descubrimiento de un restaurante italiano. Os dejo como siempre unas fotografías y a ver quién adivina cuál ha sido el precio de la cena (no contéis el agua que es gratis en Japón por ley).

Purificación

Hoy una entrada algo más corta, pero no por ello menos cultural. Mientras que ha sido un día más tranquilo en general, salvo una auténtica clase de japonés-español con otra de mis amigas japonesas, Miki, me he propuesto realizar una pequeña traducción del ritual de purificación que se realiza en algunos templos/santuarios. Así que voy a traducir del inglés al español las instrucciones que se pueden leer a la entrada del Meiji Shingu Shrine, lugar del que os hablé ayer mismo. Aquí tenéis la traducción:

Por favor, lávense las manos y la boca antes de rezar. Libere su mente por favor. Cambiando el cazo de una mano a otra, límpiese primero la mano izquierda y a continuación la derecha. Vierta agua sobre la palma de su mano izquierda y límpiese la boca con ella. Mantenga con ambas manos el cazo en posición vertical para limpiar el mango del cazo con el agua sobrante. Deje el cazo en su posición original. Por favor, absténganse de beber agua directamente del cazo”.

Os dejo la prueba del delito, una foto y un video para cambiar un poco la tónica y no dejar de nuevo un aluvión de fotografías.



viernes, 1 de febrero de 2008

Hachikō, Shibuya 109 y Amapola

¿A qué os gusta el título? Aquellos lectores duchos en la cultura japonesa (por definirlo de alguna manera) sabrán a qué me refiero con Hachikō, mientras que el segundo sustantivo, pese a representar una flor, en este caso concreto no guarda ninguna relación con la flora.

¿Sabéis quién es Hachikō, dónde se encuentra o qué representa? Pues es un perro muy famoso que se ganó el apodo de “perro fiel”, puesto que durante diez años tras la muerte de su amo continuaba yendo a la estación a esperarle. Hay una estatua suya en Shibuya, uno de los centros neurálgicos de Tokyo y centro de reunión de cientos de miles de japoneses al día. Todo esto significa que hoy me he dirigido a Shibuya…de día. De noche es un auténtico foco de luz que es visible desde todos los puntos elevados de la ciudad.

Shibuya no es tal y como lo pintan en los mangas, ni mucho menos. Dichas descripciones y analogías se quedan realmente cortas...demasiado. Shibuya es una zona que siempre está activa independientemente de la hora a la que acudas, sin desmerecer en absoluto las horas intempestivas. Es posiblemente la imagen de Japón que todo occidente tiene, la del legendario cruce visto desde arriba junto con el edificio Shibuya 109, en japonés “ichi maru kyuu”, como elemento principal. Pero el edificio Shibuya 109 no juega un papel ornamental. Nada más lejos de la realidad, sino que es un complejo de muchísimas plantas dedicadas al cien por cien al mundo de la moda femenina, tocando todos los palos, estilos y marcas que uno no puede imaginar. Sí, habéis leído bien, imposible de imaginar. No sé si decir que las japoneses van un paso por delante o se dedican a seguir el camino que más les conviene. La ropa y los complementos que se pueden obtener en el Shibuya 109 poseen todo tipo de formas y colores (y hasta me atrevería a acuñar las palabras de mi amiga Celia cuando habla de “olores y sabores”).

Una vez dentro, las plantas son realmente pequeñas y su estructura circular hace que sea imposible que no se vean todas las tiendas. En tan sólo medio minuto ya se ha dado la vuelta a la planta, aunque he de reconocer que el espacio está aprovechado al máximo, sin dejar resquicio alguno. Cada tienda dispone de su propia “banda sonora” y las dependientas van a la última en todos los sentidos posibles.

La verdad es que se llega a sufrir un auténtico colapso visual y su efecto hipnótico es claro y notorio. En lo que respecta a los precios he de reconocer que, pese a que se supone que es lo más de lo más, son asequibles para todos los bolsillos. Desde pantalones (de mujer) de 2,000¥ hasta cinturones góticos o “chics” de 15,000¥. La verdad es que me ha sido posible establecer un patrón para los precios. Aunque eso sí, la competencia no es que sea feroz, sino que directamente se apuñalan entre las diferentes tiendas. Eso sí, con cortesía y elegancia.

Tras visitar la zona, que era un auténtico hervidero, y comprobar in situ que los DVDs están más caros que en España, los más baratos, siendo de promoción especial, no bajaban de los 1,500¥, he tenido el placer de reencontrarme con Maiko, una de las representantes de Japón para la beca GYE 2007 (y ahora amiga), e ir a comer con ella a un restaurante brasileño de estilo buffet. La comida no estuvo nada mal para 880¥ que tuvimos que desembolsar por cabeza.

Tras una distendida sobremesa recordando viejos momentos y, sobre todo, practicando todo el japonés posible (まいこさんはすばらし先生です) he vuelto a recurrir a la táctica de “la caminata de varias horas”. Y desde Shibuya me he ido al Yoyogi Park, parque inmenso donde los haya, y al Meiji Shingu Shrine, lugar al que guardo un cariño especial (cuya entrada además desemboca directamente en Harajuku, otro de esos lugares que merecen un apartado aparte).

Ni qué decir tiene que es uno de los estiletes turísticos más importantes de la capital de Japón y donde quizás me haya topado con un mayor número de “gaikakujin” desde que pisé suelo nipón. El Yoyogi Park es un parque de asueto puro y duro, con los típicos puestos para el no menos típico picnic familiar. Tiene un cierto aire a los parques ingleses y está plagado de cuervos. ¡Qué digo plagado! Están por todas partes y se han acostumbrado tanto a los humanos que se pueden hasta tocar (acción que he evitado a toda costa al tener un gran cariño por mis dedos), por no decir que son en muchas ocasiones sustitutivos de las palomas.

Tras un par de horas deambulando por el parque, giro al norte para adentrarme de nuevo en los jardines del Meiji Shingu Shrine. El santuario es de lo más increíble. Plagado de gente todos los días del año prácticamente y uno de los sitios que mejor recuerdo deja por lo que representa. Obviamente está relacionado directamente con el Emperador Meiji, emperador que impulsó la etapa modernizadora de Japón a finales del siglo XIX y principios del siguiente.

Pasando al tema de las anécdotas, hoy ha habido dos. La primera durante mi visita al Meiji Shingu Shrine, en la que dos chicas japonesas me han pedido que les hiciera una foto. Obviamente no me he negado pues yo andaba al acecho de algún inocente que cumpliera con la misma misión para conmigo. Me han dado un móvil que directamente no describo (me llevaría varias hojas, pero simplemente comentar que es la pantalla plana más grande que jamás he visto en un móvil). Pero le mejor de todo ha sido cuando he esgrimido un par de frases en japonés y se me han quedado mirando con cara de estupefacción, como si fuera imposible para ellas comprender que los idiomas aprenden. Pero ahí no acabó la cosa, sino que cuando les dije que me “devolvieran el favor” se quedaron aún más sorprendidas con mi cámara. Se apuntaron el nombre puesto que según ellas tenía una calidad brutal y me preguntaron dónde la había adquirido. De nuevo el mundo al revés.


Finalmente el último apunte de hoy lo dedico a Amapola, el nombre del restaurante español que al azar me he encontrado en el centro comercial Metropolitan Plaza de Ikebukuro. He de confesar que nunca me había sentido tan observado al saber que contaban con un español en su clientela nocturna. Me he divertido bastante al ver como los japoneses se “deleitaban” con… ¡paellas por la noche! Servidor ha escogido gambas al ajillo, chuletas de cordero (señor/señora cocinero/a el aceite para freír pero no como salsa) y tarta de queso. ¿Precio? 3,750¥ ¿Nota? Un 6 sobre diez. Lo mejor el servicio, aunque creo que exagerado por mi presencia.

jueves, 31 de enero de 2008

Visitas culturales: Tokyo National Museum y Ameyoko

Hoy ha sido un día mucho más cultural que ayer, desde diferentes puntos de vista. Pero antes de nada comento el tema de la comida brevemente. Si bien es cierto que en Japón se puede comer por un precio ridículo, puesto que hay menús que oscilan desde los 500 a los 1500¥, también es cierto que si no vas a un restaurante de mesa es muy poco probable que te sirvan postre. En mi caso, he de reconocer que la obsesión por la fruta es algo fuera de lo normal. ¿Alguien se acuerda del anuncio de La Casera? Pues se queda corto, lo reconozco.

El caso es que al lado de “mi casa” hay un supermercado bastante majo y además pequeñas fruterías que parecen ser familiares. Así que, sin más dilación, compré ayer mismo kiwis, fresas y mandarinas. Los precios fueron los siguientes:

Pack de Kiwis (alrededor de unas 7/8 piezas) - 480¥ (aproximadamente 3€)

Pack de Fresas (creo que son 30 en total de tamaño medio) - 600¥ (aproximadamente 4€)

Pack de Mandarinas (alrededor de unas 10 piezas) - 680¥ (aproximadamente 4,40€)

Como podéis vosotros mismos comprobar, el precio de la fruta es casi de artículo de lujo en comparación con los precios españoles, pese a que la calidad del producto es muy buena (os lo aseguro). Eso sí, ciertos documentales que he visto exageran diciendo que una sandía se acerca a los cien euros. Y ya que estamos comentar que la leche es, normalmente, fresca y no, es decir, que hay que consumirla en poco tiempo para que no se eche a perder y el precio ronda los 300¥ el litro, es decir, se acerca a los 2€ o los sobrepasa.

Bueno, hecho este apunte, pasamos a la crónica de una jornada que se ha vuelto a caracterizar por otra caminata. Por la mañana tenía un plan ya fijado, visitar el Tokyo National Museum situado en Ueno, una zona en la que, por primera vez he visto a bastantes sin techo muy al estilo del manga Homunculus, pero actúan con total normalidad, la verdad. Creo que, desgraciadamente, no hay país que se libre de dicha situación.

Nada más salir de la boca del metro te encuentras una zona obrera y no tan, si se me permite la expresión, elitista. Aunque al final he visto gente de todo tipo de condición social y, si me apuran ustedes, económica. De hecho, por ver, hasta me he topado con un grupo indio callejero (hay uno en Palma de Mallorca, por ejemplo) cantando en español y los japoneses que pasaban por la zona los observaban con todo tipo de semblantes faciales: incredulidad, admiración e, incluso, desprecio (aclaro que ésta última reacción provenía de un grupo de sin techo que, muy a su pesar, no eran capaces de proseguir con su placentero descanso matinal). Obviamente, mucho me temo que nadie, salvo un servidor, entendía una palabra de lo que cantaban. No sé si las ventas les acompañan, la verdad.

A todo esto, llegas al cabo de un par de minutos al parque de Ueno, donde se pueden encontrar todo tipo de museos, aparte de parque en sí que he de decir que está impoluto, cualidad extrapolable a todas y cada una de las zonas que he visitado. The Ueno Royal Museum, National Art Museum o The National Museum of Western Art son algunos de otros tantos que podemos visitar en esta zona.

Además hay una serie de santuarios como el Toshogu Shrine e incluso una magnífica pagoda de cinco pisos. No sé si es costumbre o no, hoy había una pequeña feria a la entrada del Tokyo National Museum. Muchos puestos ambulantes con copas de sake a 100¥ para entrar en calor (se me olvidaba, día espléndido, pero por la mañana y por la noche el viento que corría era mortal de necesidad) o takoyaki a 500¥ (comida en forma de albóndigas típica de la zona de Kansai que contiene como ingrediente principal el pulpo y que personalmente adoro). No he querido ser polémico, pero había puestos que apoyaban la candidatura olímpica de Tokyo para el 2016 (¡ay, principito, principito!).

El museo en sí es de lo más completo, cubriendo todas las facetas artísticas, aunque la que más me interesa siempre es la pintura y, en este caso particular, Katsuhika Hokusai. Desgraciadamente su obra está desperdigada a los cuatro vientos y para ver sus cuadros más famosos estás obligado a recorrer bastante geografía japonesa. No obstante, los integrantes de la colección permanente eran magníficos. Por otro lado, se celebraba el setenta aniversario de la Yomei Bunko Foundation y hasta finales de febrero hay una exposición especial de la familia Konoe. Interesante, sin más, pero estaba abarrotada de japoneses intentando descifrar los kanjis escritos hace siglos. Algo de lo que me he reído al principio, pero que he acabado también haciendo al final. Creo que me han ganado.

Al lado de Ueno está la zona de rebajas bestiales Ameyoko. Y digo bestiales porque alguien había pulsado el botón de “a ver quién grita más para atraer a clientes”. Sin duda, la palma se la ha llevado un señor con traje y corbata que encima de su propio stand (¡de cristal!) y con artículos de joyería gritaba sin parar en intervalos de más de cinco minutos, pese al desapacible clima. Realmente entretenida la zona, con precios en las tiendas de ropa realmente competitivos. A todo esto, una chica japonesa me ha llegado a preguntar si sabía dónde estaba tal calle. El mundo al revés.

Ya entrada la tarde me he dirigido a la zona repleta de librerías de segunda mano, Kanda Second-han books Area, en Jimbocho, a apenas diez minutos de Akihabara. La verdad es que ha sido una lástima puesto que el viento ha hecho que haya poca gente por la zona y las tiendas se veían algo desangeladas, así que lo he dejado correr para otro día. No obstante, antes de volver al “hogar dulce hogar” me realizado una fugaz visita a Akihabara, zona a la que dedicaré una entrada más adelante, pero que es zona de obligado paso para todos aquellos amantes de la electrónica, los mangas y los videojuegos.


miércoles, 30 de enero de 2008

Torre de Tokyo: misión cumplida…y otros datos de provecho

La verdad es que ha sido un día bastante provechoso, dejando a un lado el hecho de que el cepillo de dientes eléctrico no pueda cargarse al no tener el adaptador adecuado. Una lástima, aunque ojalá fuesen todos los problemas de este estilo.

He vuelto a utilizar como es lógico el transporte público. He adquirido un bono mensual sin limitaciones que cubre todas las líneas de metro pertenecientes a Tokyo Metro. El precio 18,620 yenes. La verdad es que sabiendo que voy a utilizar el metro todos los días, he hecho cálculos y la verdad es que sale muy rentable. Sólo tiene un pero. Como he dicho hace un momento son líneas pertenecientes a Tokyo Metro, es decir, todas menos cuatro, que corresponden a las líneas Toei. Aunque es prácticamente imposible que no puedas desplazarte a cualquier parte de Tokyo con el bono que os describo, sí es cierto que para según que zonas hay que hacer un croquis para saber si una línea determinada la puedes utilizar. Lo que implica que se tarde un poco más al tener que realizar conexiones entre metros no tan, digamos, “naturales”. En lo que respecta al tren, desde mi zona Shakuji-Koen hasta Ikebukuro el billete tiene un precio de 200¥ por trayecto.

La primera parte del día ha transcurrido por Iidabashi, concretamente a las oficinas de una agencia responsable de ciertas licencias de algunos mangas en España. Algunos títulos interesan de cara a Dolmen Editorial y la verdad es que la reunión no ha ido nada mal. Desgraciadamente hasta aquí puedo contar, que todo este tema es secreto profesional. En lo que respecta a la zona pues la verdad es que me ha parecido bastante ajetreada. Llena de edificios de oficinas a cuál más moderno o equipado, aunque había otros que bien merecerían una pequeña reforma.

No obstante la mejor parte de la jornada han sido las visitas a los Jardines Imperiales y a la Torre de Tokyo. De la primera decir que ha sido realmente espectacular. Jardines extensísimos con las diferentes construcciones de épocas pasadas del Japón. Y todavía tendrá que continuar puesto que sólo me dio tiempo a ver la entrada oeste al cerrar a las cuatro de la tarde, un poco temprano en mi opinión. Cuando haya visto la entrada este escribiré una entrada específica con abundante material gráfico.

Y de la segunda, hago alusión al título de la entrada. Era una visita que se me había quedado en el tintero en mi primer viaje a Japón (con un poco de vergüenza ya que me alojaba en el hotel de enfrente y, para más inri, mi habitación gozaba de unas vistas impresionantes de la torre. Así que tras una caminata de aproximadamente dos horas, disfrutando al máximo de todos los sitios que descubres por azar, alcancé mi objetivo. La Torre de Tokyo, de estructura similar a la Torre Eiffel, es la estructura metálica sostenida por sí misma más grande de todo nuestro maravilloso planeta, con 333 metros, trece más que la torre francesa (es más alta al tener una base no metálica ésta última). La Torre de Tokyo, visto lo visto, parece un icono de la capital nipona. Por la noche la iluminan 176 focos y, sin duda, si alguien se pierde por el centro de Tokyo y justamente necesita ir en dirección a la torre, pues no hay pérdida posible. Tiene dos observatorios, además de los típicos locales para turistas, a 150 y 250 metros de altura respectivamente. Una visita que hay calificar como “a must-see place” de noche que es cuando realmente se pueden distinguir bien todas las zonas de Tokyo desde los miradores. Entre dichas zonas, Shibuya es como un foco gigantesco de luz formado por incontables luces de neón. Aquí os dejo algunas fotos para que os podáis hacer una idea, aunque como siempre hay que decir que la realidad supera la ficción.

Los últimos datos que doy hoy están relacionados con el teléfono móvil y con los adaptadores de corriente. Empiezo por estos últimos, muy necesarios. Unos que funcionan a la perfección son los que se pueden adquirir en El Corte Inglés, a pesar de que no es posible incorporar el enchufe de un ladrón al tener una carcasa que imposibilita tal conexión. Pero por lo demás perfectos. Finalmente, deciros que el teléfono móvil en Japón es algo que, según parece (lo digo así puesto que ni mucho menos soy un entendido en la materia ni quiero serlo) siempre han dado problemas. El mío es el, según parece también, “famosoNokia N70, es decir, 3G UMTS y se conecta sin problemas al operador JP DoCoMo. Supongo que cualquier móvil que reúna similares características podrá ser utilizado en Japón, así como otros de gama superior. Otro cantar es el coste de las llamadas, tanto propias como ajenas que es un auténtico atraco a mano armada. Omito lo precios por razones médicas.